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¿Analfabetismo afectivo?
Vivimos una gran paradoja: como nunca antes los seres humanos contamos con mil formas de comunicarnos. Hoy en día es difícil estar ilocalizable. Si no estás conectado a un messenger, se te puede dejar un sms o llamarte directamente al móvil. Si te escribo un e-mail, lo puedes leer inmediatamente por la blackberry. Estamos en un aeropuerto con un retraso de la hostia, pues te conectas al portátil y avisas a quien te espera para comentarle que el vuelo llegará con 2 ó 3 horas de retraso. Pareciera no haber espacio ya para la espera o la ausencia.
Esta semana tuve una grata velada virtual con mi amigo Rafael, que se encuentra viviendo en Buenos Aires desde hace varios meses. Entre los temas que tocamos entre clicks y enters, él reflexionaba un punto en el que quizá por la rapidez con la que vivimos actualmente no nos detenemos a pensar: informamos, pero no nos expresamos. Es decir, cada día estamos en constante intercambio de mensajes con nuestro entorno, pero sólo para informar (Dónde estamos, qué hacemos, etc.), sin embargo, la expresión de los sentimientos ha quedado relegada a un segundo plano. Cuando conversamos con un ser querido damos por hecho que saben cuánto lo queremos y que no hace falta decirlo. O, lo que es peor, creemos que expresarlo podría demostrar cierta debilidad o hasta cursilería.
Sería muy irresponsable de mi parte echarle la culpa a los medios tecnológicos de esta paradoja comunicativa entre los seres humanos. Desde que existimos hemos tenido problemas de este tipo y sino, sólo hay que echar un vistazo por el retrovisor de la historia y contar los conflictos bélicos que hemos vivido. Son simplemente el resultado de la intolerencia, diferencias religiosas, sociales o políticas que al final terminan siendo eso: incomunicación.
Desde hace varios meses, entre los cientos de correos físicos de publicidad que invaden mi buzón, me genera una grata satisfacción el poder recibir una carta o postal escrita a mano de varias de mis amistades que, a pesar de la distancia, mantienen un exquisito hilo de comunicación. A puño y letra dejan claro sus sentmientos, lo cual adquiere para mí un valor único. Pero lamentablemente son unos pocos.
¿Qué pasa con nosotros los seres humanos que poco a poco dejamos de expresarnos? ¿Acaso la tecnología no entiende de sentimientos o más bien nos hemos convertido en unos analfabetas afectivos? Por mi parte, no creo que sea una cuestión de tecnología, a ésta más bien le agradezco que me mantenga unida a mis seres queridos. Creo más bien que es un fenómeno que invade de manera sigilosa esa red afectiva que cada individuo teje a su alrededor.
(Estas palabras están escritas en colaboración con Rafael Carabaño)
2 comments Diciembre 28, 2007
